Reseña Género Humano por Óscar Ayala

He dedicado estos dos últimos días a dos grandes momentos. El primero, musical: "Whish yoy where here", de Pink Floyd. Cada vez que lo oigo me pregunto si será el mejor disco de la historia de la música o estará por venir algo que lo supere. 

El segundo, poético: el último libro de Isla Correyero, "Género humano". Es pronto, porque aun estoy cegado por el fogonazo de emoción, pero seguramente se va a convertir en uno de los grandes libros de la poesía de los últimos años. Tantas lágrimas, tanto dolor, tanta soledad y rabia contenida, y claro, tanta inteligencia e intuición poética han tenido que salir por algún sitio e Isla ha reventado eso que conocemos por "lírica". 

Que era un portento, un monstruo poético, ya lo sabíamos, pero que, en plena madurez, fuera capaz de conseguir un caudal de belleza tan enorme sobre un cauce profundo y tan seguro ha sido una sorpresa que va a convertir la leyenda de esa Isla Correyero en el gran acontecimiento del año (ahora que los poetas se nos van, qué reconfortante encontrar con los que tenemos aquí). Eso espero y me alegro, sobre todo, por los más jóvenes, que no habían podido sobrecogerse en su momento con esta poeta. Hay gente que jamás la leyó, simplemente porque no llegaron a tiempo. 

Y es que, lo más sorprendente, es que esa poesía "desactualizada" constituye la actualidad poética, la universalidad del sentimiento, la rebelión contra y por el género humano. Yo recomiendo su lectura, pero no dentro de un tiempo, ya mismo: es urgente conocer este libro si queremos saber qué es lo que se va a ir copiando en nuestro panorama poético, despacito, disimuladamente, en el tiempo que viene. 

Y que nadie piense que lo conoce porque leyó "Diario de una enfermera": eso fue solo el punto de partida. 

Me alegro por ella, pero me alegro, sobre todo, por nosotros, los lectores de poesía, porque un libro como este, que aparece tan pocas veces, te congratula con el emporquecido mundo literario de nuestro tiempo, donde lo que menos importa es lo verdadero.

Óscar Ayala

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